viernes, 27 de enero de 2012



¿En realidad aprendimos?
A pesar de las apreciaciones que se ventilan públicamente, si nos apegamos exclusivamente a los números derivados de encuestas, hoy por hoy el PRI tendría una objetiva oportunidad de regresar al gobierno federal. El camino no es fácil ni debemos como militantes, en mi caso, dar las cosas por sentado. Existe un sendero pedregoso que llevaría a la tan esperada victoria electoral, pero si aderezamos el trecho con yerros, las cosas pueden complicarse.
Se vale también en estos días el aportar un pensamiento y reflexiones críticas ante lo que se observa, pecaríamos con nuevos silencios y omisiones si no ponemos sobre la mesa nuestra apreciación, pero al igual, solo abonaríamos a la destrucción si no planteamos vías de salida.
Existen en el imaginario colectivo reminiscencias  de un pasado reprobable y que se achaca al signo político priista. Se ha juzgado duramente al partido por autoritarismo, irresponsabilidad e ilegalidad, tanto en días recientes, como en años en los cuales muchos de nosotros aún ni siquiera veíamos la primera luz. Sin embargo, en concurrencia con las circunstancias internacionales de inestabilidad económica, así como de la democratización de los noventas, es como se fraguó la sociedad civil que concluyó en llevar a al PRI a la tan sonada derrota del año 2000. A partir de ahí, la “leyenda negra” del partido se encauza por la promoción de partidos opositores al tricolor y sin duda, por el amplio activismo anti-priiista del actual gobierno federal.
Es ahí donde se nos ha querido ubicar. Afortunadamente, existe una base social sobre todo dentro de los gobiernos estatales de signo priísta que contrarresta la negativa apreciación. Pero el problema mencionado ya existe, el negarlo sería tapar el sol con un dedo. Lo que avizoro hacia adelante es la necesidad de dejar constancia en realidad se aprendió de las lecciones de la historia, que tuvimos material de enseñanza pero por igual un método de pedagogía y educadores que impartieron la lección adecuada. No podemos volver a errores que probadamente nos han llevado a la desgracia. Ante la poca credibilidad de la cual se encuentran contaminados todos los partidos políticos, el priismo debe por obligación plantearse en el escenario como una organización política que represente la mayoría social.
No es nuevo el descrédito de los partidos políticos en general. Está en duda la contribución de éstos a la democracia y campea en lo colectivo la percepción de un pragmatismo exacerbado del poder por el poder mismo. Es un grave error en ese clima, dar prioridad a los intereses internos que piden la conservación del mando político sobre los más amplios intereses de los ciudadanos mismos.
Si buscamos ganar en el futuro, quizá debemos reforzar la construcción de una identidad distinta al pasado referido, que se afiance en un proyecto sólido que proponga solución a temas de seguridad, desempleo, medio ambiente y desigualdad entre muchos otros. Y tal vez quizá, se debe tener presente que la insatisfacción en subsanar los problemas que derivan de tales temas se incluyeron en un catálogo de motivos que por igual nos expulsaron del poder.
Volver a las causas de la sociedad y fomentar la auténtica vida democrática interna es a mi parecer un binomio clave. Ya no tenemos tiempo ni margen para fórmulas mágicas que personajes que se sienten mesiánicos pretendan emplear.
Hagamos conciencia de lo que somos actualmente. Somos un partido con el número de militantes más cuantioso, con simpatizantes y organizaciones afiliadas y estructura territorial y sectorial en la totalidad de nuestro país. Contamos con un número notable de presidentes municipales, regidores, diputados tanto locales como federales, gobernadores y senadores.  Este diagnóstico de activos es alentador, pero se vuelve completamente estéril si no se pone al servicio del interés del ciudadano, se torna inocuo si no volvemos a ser el partido que fue capaz de sentar bases para la vida democrática nacional e impulsor de la modernización.
El PRI cuenta con los cimientos necesarios para ver hacia el futuro, no nos quedemos en procesos de transformación insuficientes ni nos perdamos en la nostalgia del poder hegemónico que sobre el sistema político alguna vez se ejercía. México ya cambió, cambiemos decididamente como partido.
Los mexicanos piden a gritos una nueva visión de la política, sostenida por propuestas realizables. Es momento de la innovación, de la austeridad, de la generosidad personal y de la cercanía con la gente con quien debemos pactar compromisos claros y medibles, con la visión clara que, de no cumplirnos, no es de extrañar la irritación y el rechazo que a todos nos genera.
Repito, México ya cambió, que lo entiendan a cabalidad quienes pretendan ser nuestros candidatos. Ellos deben cumplir no únicamente con requisitos formales, deben ser garantes del compromiso que todo un instituto político tiene con el país mismo para lograr un cambio real. Que penoso sería continuar en la estulticia absoluta que a algunos hace pensar que por sí mismos son un auténtico fenómeno de popularidad. Ese es otro de los caminos que conducen al fracaso por el cual pagamos todos, no solamente quienes se ubiquen al frente de una candidatura pobremente encauzada.
Por ello, busquemos la victoria en el 2012 bajo la idea que ésta sea una edificación colectiva de un plan y una propuesta electoral, hagamos las cosas bajo una estrategia política colectiva, con nuevas y generosas prácticas de nuestros candidatos. No pensemos que el camino se ha allanado, los retos son fuertes a futuro.
Me vuelvo a preguntar ¿en realidad aprendimos?... sería penoso que no fuera así. Tuvimos un largo trecho para procesar situaciones adversas, conocimos el desgaste que derivó de ejercer el gobierno y asumimos las consecuencias de nuestras derrotas en las elecciones. Transitamos por caminos donde afloraron los errores, las confrontaciones y la debilidad. Volver a las prácticas del pasado nos obligaría a caminar por los mismos senderos.
Quiero pensar que podemos dar constancia que no solo hemos aprendido de las duras lecciones, sino que hemos sabido observar la lógica del mundo en el que vivimos. Estar a la altura de las circunstancias mundiales para ganar una elección empieza por la sana práctica interna de nuestra política partidista. Nuestra sociedad grita, pide y aclama que los políticos no estemos solamente interesados en ganar las elecciones, nos obliga a representarla más allá de las fronteras electorales.
Si con temor postergamos nuestros propios cuestionamientos y optamos por la ruta de la comodidad, el revanchismo, la segregación y la carencia de proyectos comunes para todo el partido, que no nos extrañe que atestigüemos mayor alejamiento entre la sociedad y la política.
Yo afirmo que podemos hacer las cosas de una manera diferente, es momento de la valentía personal.