viernes, 27 de enero de 2012



¿En realidad aprendimos?
A pesar de las apreciaciones que se ventilan públicamente, si nos apegamos exclusivamente a los números derivados de encuestas, hoy por hoy el PRI tendría una objetiva oportunidad de regresar al gobierno federal. El camino no es fácil ni debemos como militantes, en mi caso, dar las cosas por sentado. Existe un sendero pedregoso que llevaría a la tan esperada victoria electoral, pero si aderezamos el trecho con yerros, las cosas pueden complicarse.
Se vale también en estos días el aportar un pensamiento y reflexiones críticas ante lo que se observa, pecaríamos con nuevos silencios y omisiones si no ponemos sobre la mesa nuestra apreciación, pero al igual, solo abonaríamos a la destrucción si no planteamos vías de salida.
Existen en el imaginario colectivo reminiscencias  de un pasado reprobable y que se achaca al signo político priista. Se ha juzgado duramente al partido por autoritarismo, irresponsabilidad e ilegalidad, tanto en días recientes, como en años en los cuales muchos de nosotros aún ni siquiera veíamos la primera luz. Sin embargo, en concurrencia con las circunstancias internacionales de inestabilidad económica, así como de la democratización de los noventas, es como se fraguó la sociedad civil que concluyó en llevar a al PRI a la tan sonada derrota del año 2000. A partir de ahí, la “leyenda negra” del partido se encauza por la promoción de partidos opositores al tricolor y sin duda, por el amplio activismo anti-priiista del actual gobierno federal.
Es ahí donde se nos ha querido ubicar. Afortunadamente, existe una base social sobre todo dentro de los gobiernos estatales de signo priísta que contrarresta la negativa apreciación. Pero el problema mencionado ya existe, el negarlo sería tapar el sol con un dedo. Lo que avizoro hacia adelante es la necesidad de dejar constancia en realidad se aprendió de las lecciones de la historia, que tuvimos material de enseñanza pero por igual un método de pedagogía y educadores que impartieron la lección adecuada. No podemos volver a errores que probadamente nos han llevado a la desgracia. Ante la poca credibilidad de la cual se encuentran contaminados todos los partidos políticos, el priismo debe por obligación plantearse en el escenario como una organización política que represente la mayoría social.
No es nuevo el descrédito de los partidos políticos en general. Está en duda la contribución de éstos a la democracia y campea en lo colectivo la percepción de un pragmatismo exacerbado del poder por el poder mismo. Es un grave error en ese clima, dar prioridad a los intereses internos que piden la conservación del mando político sobre los más amplios intereses de los ciudadanos mismos.
Si buscamos ganar en el futuro, quizá debemos reforzar la construcción de una identidad distinta al pasado referido, que se afiance en un proyecto sólido que proponga solución a temas de seguridad, desempleo, medio ambiente y desigualdad entre muchos otros. Y tal vez quizá, se debe tener presente que la insatisfacción en subsanar los problemas que derivan de tales temas se incluyeron en un catálogo de motivos que por igual nos expulsaron del poder.
Volver a las causas de la sociedad y fomentar la auténtica vida democrática interna es a mi parecer un binomio clave. Ya no tenemos tiempo ni margen para fórmulas mágicas que personajes que se sienten mesiánicos pretendan emplear.
Hagamos conciencia de lo que somos actualmente. Somos un partido con el número de militantes más cuantioso, con simpatizantes y organizaciones afiliadas y estructura territorial y sectorial en la totalidad de nuestro país. Contamos con un número notable de presidentes municipales, regidores, diputados tanto locales como federales, gobernadores y senadores.  Este diagnóstico de activos es alentador, pero se vuelve completamente estéril si no se pone al servicio del interés del ciudadano, se torna inocuo si no volvemos a ser el partido que fue capaz de sentar bases para la vida democrática nacional e impulsor de la modernización.
El PRI cuenta con los cimientos necesarios para ver hacia el futuro, no nos quedemos en procesos de transformación insuficientes ni nos perdamos en la nostalgia del poder hegemónico que sobre el sistema político alguna vez se ejercía. México ya cambió, cambiemos decididamente como partido.
Los mexicanos piden a gritos una nueva visión de la política, sostenida por propuestas realizables. Es momento de la innovación, de la austeridad, de la generosidad personal y de la cercanía con la gente con quien debemos pactar compromisos claros y medibles, con la visión clara que, de no cumplirnos, no es de extrañar la irritación y el rechazo que a todos nos genera.
Repito, México ya cambió, que lo entiendan a cabalidad quienes pretendan ser nuestros candidatos. Ellos deben cumplir no únicamente con requisitos formales, deben ser garantes del compromiso que todo un instituto político tiene con el país mismo para lograr un cambio real. Que penoso sería continuar en la estulticia absoluta que a algunos hace pensar que por sí mismos son un auténtico fenómeno de popularidad. Ese es otro de los caminos que conducen al fracaso por el cual pagamos todos, no solamente quienes se ubiquen al frente de una candidatura pobremente encauzada.
Por ello, busquemos la victoria en el 2012 bajo la idea que ésta sea una edificación colectiva de un plan y una propuesta electoral, hagamos las cosas bajo una estrategia política colectiva, con nuevas y generosas prácticas de nuestros candidatos. No pensemos que el camino se ha allanado, los retos son fuertes a futuro.
Me vuelvo a preguntar ¿en realidad aprendimos?... sería penoso que no fuera así. Tuvimos un largo trecho para procesar situaciones adversas, conocimos el desgaste que derivó de ejercer el gobierno y asumimos las consecuencias de nuestras derrotas en las elecciones. Transitamos por caminos donde afloraron los errores, las confrontaciones y la debilidad. Volver a las prácticas del pasado nos obligaría a caminar por los mismos senderos.
Quiero pensar que podemos dar constancia que no solo hemos aprendido de las duras lecciones, sino que hemos sabido observar la lógica del mundo en el que vivimos. Estar a la altura de las circunstancias mundiales para ganar una elección empieza por la sana práctica interna de nuestra política partidista. Nuestra sociedad grita, pide y aclama que los políticos no estemos solamente interesados en ganar las elecciones, nos obliga a representarla más allá de las fronteras electorales.
Si con temor postergamos nuestros propios cuestionamientos y optamos por la ruta de la comodidad, el revanchismo, la segregación y la carencia de proyectos comunes para todo el partido, que no nos extrañe que atestigüemos mayor alejamiento entre la sociedad y la política.
Yo afirmo que podemos hacer las cosas de una manera diferente, es momento de la valentía personal.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La plataforma electoral de la coalición "comprometidos por México" II



En la pasada entrega nos referimos a las condiciones de precariedad en las que se encuentra la economía mexicana. Es en este tema donde encontramos un reclamo significativo de todos aquellos a quienes se dirigió nuestra consulta. Ahora se comprende que en un país donde la concentración de la riqueza se ha ceñido a escasas manos, y donde la desigualdad económica se acentúa notoriamente, no es posible proyectar un futuro que convenga a todos.
Debemos tomar en nuestras manos la responsabilidad de una conducción estatal solidaria, que no se haga ajena a la penuria de tantos y tantos mexicanos que se unen a diario a la pobreza. Ante la crisis global que se vive, ha quedado claro que es prioritario construir equilibrios entre el libre mercado y el interés público y dejar a un lado la creencia de que el mercado se erige como el único promotor del desarrollo, situación que únicamente nos remite al egoísmo y a al favorecimiento individual.
Necesitamos un estado que cuente con los medios económicos suficientes para actuar y que lo haga con consensos amplios. Precisamos de una reforma fiscal que fije prioridades y establezca con claridad la manera en que se generarán mayores ingresos. En términos claros, que haya una nueva hacienda pública donde todos paguen, donde el que más gane más pague y en donde existan cero privilegios fiscales. Solo así podremos pasar a tener los medios suficientes para poder equilibrar la actual desigualdad mediante una nueva política social.
Y este punto no escapa de la lógica de los temas anteriores. Para aplicar una política social efectiva, requerimos que ésta se fundamente en una reingeniería de los programas existentes, que logre la eficiencia plena de sus objetivos y que a la vez otorgue calidad y cobertura a los beneficiarios.
La propuesta contenida en la plataforma electoral pide modificar las estructuras institucionales vigentes, para conseguir la seguridad social y de salud con cobertura universal y alcanzar esquemas de ingreso mínimo que abatan las penosas condiciones en las que muchos mexicanos se encuentran.
Planteamos una reforma educativa a fondo, donde exista una verdadera calidad en la educación y a la vez pretendemos revestir el desarrollo humano con actividades en los campos culturales y deportivos. Vemos más allá del asistencialismo convencional que en la pasada década no ha hecho más que crear clientelas estériles y condicionadas al apoyo político de quien lo practica.
Hay que decirlo con énfasis: la desigualdad se vence con una economía sana y con empleos de calidad. Por ello nuestra propuesta busca una solución integral que rebase las fronteras de los momentos políticos.
Y todo ello hay que lograrlo con una visión de grandes alcances a futuro, donde podamos ubicar a nuevas generaciones en un medio ambiente en equilibrio. No es mera moda o discursos vacíos, sabemos que el cuidado de nuestro entorno es una condición básica para el bienestar futuro. La clave será la protección efectiva de nuestros recursos y ecosistemas, sin soslayar la posibilidad del aprovechamiento racional de los mismos. Tenemos la convicción de generar prosperidad y crecimiento mediante esta fórmula; que la naturaleza y sus recursos sean medios para el crecimiento y no barreras para el desarrollo.
Porque todo ello está inmerso en una tendencia mundial con la que debemos estar al día. El tema ecológico implica un esfuerzo compartido entre las naciones, así como por igual un sin número de cuestiones que precisan del apoyo solidario de la comunidad internacional.
Y finalmente es en el concierto internacional en donde vamos a lograr la recuperación del papel protagónico y de valor de México ante el mundo. No es ajena la errática estrategia de política exterior que se ha seguido en tiempos recientes. Nuestro país ha pasado de ser una nación respetada a ubicarse en la tibieza y la mediocridad internacional. Debemos reposicionarnos en el contexto mundial con una política que refleje consistentemente los intereses prioritarios del país.
Después de varias semanas de trabajo y de recorrer la totalidad del territorio nacional, creemos que es posible recuperar el tiempo perdido. En nuestra consulta no se ha dejado al margen a nadie. Todos quienes en ella participaron han encontrado un destino a sus inquietudes y un foro a sus planteamientos.
Aquellos temas en donde la opinión es diversa se han dejado enunciados para ampliar la discusión ante la sociedad. Pero no se debe considerar este como un ejercicio acabado. Vendrán nuevas etapas donde estas conclusiones se fortalecerán con las nuevas vivencias de quien será el candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República.
Sabemos que este no es un instrumento absoluto ni concluido, pero si afirmamos que es el resultado de haber sido atentos destinatarios de todos aquellos que tenían algo que aportar. Consideramos que el esfuerzo para lograr los objetivos trazados es grande, pero ya no queda tiempo alguno para dejarlos a un lado. Ahora es el momento de que la oferta inmersa en nuestras conclusiones cumpla con el principio básico de la política puesta al servicio de la gente, generar desde la propuesta sustentada, horizontes promisorios y oportunidades futuras que por más de una década nos han sido negadas.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La plataforma electoral de la coalición "comprometidos por México"

He sido afortunado en haber sido parte del “Programa para México”, consulta generosa y productiva que finalizó con un ejercicio de información sobre aquello que nuestro país nos expresó. A casi cinco meses de haber iniciado, en la Fundación Colosio nos congratulamos de haber impulsado un diálogo con la sociedad mexicana para construir lo que ahora es la Plataforma Electoral de la Coalición “Comprometidos por México”, con miras a la elección federal del año que se avecina.
Muchos, en verdad muchos actores fueron quienes participaron en esta construcción. En primer término nuestra militancia priísta, quien con su entusiasmo y seriedad se involucraron decididamente en este esfuerzo. El Comité Ejecutivo Nacional del PRI, quien apoyó al programa desde varios ángulos, el Comité de Redacción para la Plataforma Electoral quienes con empeño y talento sumaron en el planteamiento y debate de los temas que hoy componen nuestra plataforma.
Los sectores, organismos y organizaciones adherentes del partido, los prestigiados académicos, empresarios, especialistas y expertos que con su opinión condujeron a términos precisos lo planteado. Y sin duda todos quienes integramos la Fundación Colosio que con compromiso y decisión cumplimos con nuestra tarea.
Destacan los cuadros connotados del partido destacan por su disposición absoluta y espíritu constructivo al participar en diversos canales para  apuntalar la expresión de miles de voces que hemos escuchado y atendido. En particular el Senador Manlio Fabio Beltrones y el Licenciado Enrique Peña Nieto.
Las aportaciones de los partidos aliados son sin duda fundamentales, los temas medio ambientales y educativos son prioridades a atender.
Pero por igual, tenemos que otorgar reconocimiento y agradecimiento especial  a todos quienes más allá de una filiación política contribuyeron con propuestas y planteamientos a esta consulta, el interés que por ella se generó, demuestra cuán apremiada está la sociedad por expresarse dentro del escenario de caos que vivimos en estos días los mexicanos.
No podemos negar una realidad evidente. Hoy México es un país triste, contagiado de desesperanza, con dolores que lo presentan como una nación donde en muchos de los casos priva el miedo y la incertidumbre.
Nuestro país experimenta una desigualdad generalizada que nos obliga a actuar de manera distinta en prácticamente todos los rubros del actuar gubernamental, social y político. De seguir en el mismo camino, el horizonte seguro tiene que ver con la inviabilidad. En el PRI rechazamos contundentemente esta opción.
Sin embargo no asombra el que hayamos llegado a este punto cuando a lo largo de poco más de una década se ha forjado una interminable cadena de desatinos e ineficiencias. Hemos sentido con toda su fuerza las consecuencias del retiro del Estado de los temas fundamentales, carecemos de timón y vivimos en la negación oficial de un deterioro general de nuestras instituciones, de nuestra propia forma de vivir.
El rumbo debe cambiar, lo sabíamos y ahora lo sustentamos. A lo largo de estos meses de intercambio con la sociedad, hoy precisamos de argumentos para pronunciarnos ante los problemas nacionales y atrevernos a plantear soluciones. Lo hacemos con responsabilidad, con la creencia de que las cosas sí pueden cambiar, con la idea de recuperar la esperanza de contar con un mejor destino.
La conclusión en los temas consultados lleva a la urgente implementación de cambios que se centran en dos acciones fundamentales: un cambio de estrategia y una reforma de las instituciones de gobierno. Lo anterior en la idea de que en el esquema actual, ni se acierta en lo actuado ni se fomenta la eficiencia de los actuantes.
En un primer punto, sabemos que es necesario generar gobernabilidad. Gobernabilidad que provenga del acuerdo y del reconocimiento de la pluralidad, donde se recupere el papel de fortaleza estatal. Hemos constatado cómo se precisa de condiciones para apuntalar el accionar político y público de nuestro país. No es en un escenario de desorden donde se puede prosperar, es apremiante reconciliar a los ciudadanos con el estado y volver a contar con la eficiencia en los actos gubernamentales, con el debido orden y responsabilidad de la gestión pública y con el entendimiento de las fuerzas políticas para transitar con equilibrio a destinos prósperos.
Se va a avanzar en un adecuado sistema para evaluar el desempeño de los servidores públicos y el resultado de cada uno de los programas gubernamentales para promover una sólida fiscalización y una mejor distribución de los recursos públicos. La demanda es además adoptar parámetros de transparencia y rendición de cuentas en donde todos quienes detentan una responsabilidad pública informen satisfactoriamente de su actuación.
Y en la búsqueda de ese destino positivo en donde está la obligación por brindar seguridad a los mexicanos. Hemos optado por una estrategia integral para lograr este cometido, es decir, combatir de manera eficiente a la delincuencia sin necesidad que las familias sufran los estragos de la violencia que se genera.
Tenemos la oportunidad de corregir el camino al innovar en medidas que apelan a la autonomía en la procuración de justicia federal. Sabemos que es tiempo de dejar a un lado la improvisación y fiar de una buena vez la operatividad del combate al crimen en acciones de estrategia e inteligencia. Consideramos que, a la par de una tendencia mundial, debemos especializar a los organismos encargados de esta lucha en contra de la delincuencia, además de fijar metas claras y medibles en la reducción de los índices delictivos de las actividades criminales que vulneran en mayor medida a la sociedad. Extorsión, secuestro, homicidios tendrán que ser tarea puntual en el esquema que nuestro partido propone.
Creemos que se pueden implementar acciones inmediatas para lograrlo. Apostamos por la profesionalización y especialización de la función policial, optamos por igual en los esquemas de ascensos meritorios de los cuerpos de policía y de procuración de justicia pero sobre todo, consideramos inseparable el que el estado brinde seguridad de manera efectiva si se corrige por igual el rumbo en nuestra economía.
Ameritará una segunda entrega lo que a los demás temas atañe. Por ahora, adelantamos que además de ello escribiré en lo específico de cada apartado porque al igual que muchos mexicanos, hoy estoy convencido que es tiempo de dar respuestas, en la misma filosofía que por frente llevara Colosio, en el México al cual le seguimos debiendo explicaciones.

Guillermo Deloya
Secretario General de la Fundación Colosio Nacional A.C.

miércoles, 12 de octubre de 2011

LA PLATAFORMA ELECTORAL 2012-2018 DEL PRI

A ningún mexicano le es ajeno el penoso deterioro que ha tenido nuestro país durante los últimos diez años de gobierno federal. Hemos padecido juntos los problemas crecientes de inseguridad pública y desempleo, de una ruptura en el orden mismo de la sociedad en que vivimos, hemos sentido los efectos de una economía estancada y de las deficiencias en las políticas públicas que han acrecentado la pobreza.
Experimentamos a diario un deterioro de la gobernabilidad y de nuestras instituciones, las cuales son ahora más vulnerables que nunca. La economía ha debilitado el mercado interno y la capacidad para competir en el mundo, mientras los servicios de educación, salud y seguridad social padecen en extremo problemas de calidad.
Ahora tenemos más impuestos que antes, no hay avances hacia un sistema fiscal estable y sencillo que propicie la inversión; se mantiene alta la evasión fiscal y no se ha logrado incorporar a la formalidad a quienes por falta de oportunidades integran el sector informal; la corrupción se ha extendido y profundizado. Aunado a lo anterior, el gobierno federal elude su responsabilidad en la aplicación de los presupuestos que el Congreso autoriza, y la limitada información que da a conocer impide saber con detalle el destino de los recursos fiscales.
En diez años, casi se ha triplicado el presupuesto de la federación, pero los resultados no son alentadores; contando con recursos suficientes, las administraciones federales de la última década no supieron invertirlos correctamente.
El presupuesto en educación ha crecido significativamente, sin embargo, no se ha traducido en mejores resultados. Datos de la OCDE señalan que México es uno de los países que más invierte en educación y de los que peores resultados obtiene.
México está desaprovechando su bono demográfico; según el INEGI actualmente existen en el país 2.58 millones de personas desempleadas, 12.66 millones en el sector informal y 3.63 millones están subempleadas, las que suman más del 45% de la fuerza laboral. En el futuro tendremos que afrontar el proceso natural de envejecimiento de la población, que aumentará la demanda de seguridad social, lo que exige garantizar de manera sostenida y progresiva el crecimiento de la infraestructura y servicios para dar cobertura de seguridad social.
La aportación del campo a la económica es cada vez menor, la pobreza rural se ha agudizado, la migración desintegra a las familias y el país padece su dependencia alimentaria, mientras la agricultura de subsistencia se extingue por la ineficiencia de los programas gubernamentales.  
Es evidente el fracaso en el combate a la violencia asociada al crimen organizado, una de las grandes tragedias de la historia de México; el Estado se mantiene ausente en muchas partes del país, acentuando los riesgos de la ingobernabilidad.
Todas estas deficiencias del gobierno han generado incertidumbre y descomposición, destrucción de las instituciones, inseguridad en las familias y en la propiedad, ingobernabilidad en importantes regiones de país y estancamiento en la economía, con deterioro en el mercado interno y pérdidas sustantivas de empleo y de competitividad frente al exterior.
Ante esta realidad, sabemos que los diagnósticos no son suficientes para lograr un cambio de rumbo. Por eso, tenemos la responsabilidad histórica de generar las propuestas que aporten soluciones a los problemas observados; sabemos que más allá de los intereses de la política está nuestra obligación de crear un mejor horizonte para el futuro.
El Partido Revolucionario Institucional asume el deber de convocar a la única fuente legítima de poder, a la gente, para construir un nuevo gobierno, una nueva política, una nueva economía, un nuevo rumbo para México. Porque se requiere de un nuevo movimiento social, encabezado por nuestro partido, que se comprometa a trabajar con metas, que redefina el camino de nuestra nación y que responda con resultados a la gente y no con discursos y promesas.
Tenemos la capacidad y la experiencia; estamos ante la nueva oportunidad que merecemos como mexicanos. El PRI tiene una historia que honrar por su papel en la construcción del país y en la arquitectura del propio sistema político mexicano.
El primer paso será la concreción de una plataforma electoral que sea producto de un generoso consenso y una amplia discusión con nuestro partido y con la sociedad. Estamos consolidando una plataforma electoral que busca el regreso de la visión de largo plazo a la planeación del desarrollo de México. Nos hemos dado a la tarea de construir sólidos cimientos para formar muy pronto un gobierno como lo quiere la gente: eficiente, trabajador y honesto, cuyas prioridades sean las de fortalecer las prácticas democráticas de la vida política y garantizar un mejor futuro para las nuevas generaciones.
Nuestra capacidad de convocatoria está viva y por ello vamos a poner la experiencia y la oportunidad de servicio a la sociedad al rescate del país. Por eso dimensionamos con claridad nuestra responsabilidad ya que ahora la esperanza de cambio y de que las cosas mejoren están con nosotros.
Vamos a trabajar para recuperar los espacios políticos y devolver el voto ciudadano a nuestro partido. Por nuestra historia que es la historia del México moderno, pero sobre todo por nuestro futuro. Como millones de mexicanos, estamos inconformes con la actual situación nacional; nuestra vocación es la perspectiva del quehacer mismo de la política, que es la lucha por mejorar el mundo en  que vivimos. No admitimos como natural el grado al que ha llegado la inseguridad pública, el desempleo, la pobreza, la ingobernabilidad y la desesperanza social, sobre todo de nuestros jóvenes. No admitimos que esa sea la herencia de esta generación.
Con nuestra propuesta buscamos convencer a los ciudadanos, pero sobre todo a los jóvenes que no tienen opción de estudiar porque no hay espacio en las escuelas, que no tienen la alternativa de trabajar porque la economía no genera los empleos ni la producción necesaria. No podemos tolerar que solamente exista como horizonte la falta de oportunidades y el desaliento. No podemos dejar que la juventud sea rehén del desempleo que la llevado a ser víctima del crimen organizado al incorporarla a sus organizaciones o al mercado de estupefacientes. No debemos consentir que nuestros jóvenes tengan un tan grave desinterés por la política.
En los últimos 20 años el PRI dejó de ser paulatinamente el partido hegemónico en el escenario nacional, aprendimos a convivir siendo incluso minoría frente a otras fuerzas políticas, aprendimos a perder alcaldías, gubernaturas y todo tipo de cargos públicos, pero también aprendimos a consultar y a escuchar, a debatir y a convencer con bases sólidas, a construir un diálogo abierto y permanente con la sociedad,  que hoy renueva la mayoría de nuestros planteamientos.
En este momento crucial, la acción partidaria trasciende las voluntades personales y las aspiraciones legítimas, lo que necesitamos es unidad: unidad en la autocrítica, unidad en el trabajo político, unidad en la reorganización de nuestros cuadros y unidad a través de un proyecto de país. Con grandes lecciones aprendidas y con enorme humildad ahora sabemos cómo recuperar el poder y para qué lo utilizaremos; contamos con los simpatizantes, con los militantes y los dirigentes; hemos puesto en práctica la sensibilidad y la convocatoria para incorporar a nuestra plataforma electoral las grandes causas ciudadanas y las demandas comunes de la sociedad.
Nuestra oferta electoral reflejada en la próxima plataforma electoral busca un mejor escenario nacional, por ello nos empeñaremos en seguir construyendo con orden lo necesario para lograrlo al llegar a ser nuevamente gobierno. Vamos a trabajar arduamente en el proceso de recuperación del país, a través de estrategias innovadoras y con la aceptación de las responsabilidades sociales; con argumentos y proposiciones constructivas. Es la hora de volver y gobernar a la nación como lo merece y lo exige; con eficiencia, justicia y equidad.
Vamos a reconstruir la gobernabilidad democrática y el estado social de derecho a través de la reforma al régimen político, principalmente al modelo presidencial vigente, para favorecer los acuerdos y una relación más equilibrada entre los poderes públicos, para que los ciudadanos se sientan mejor representados y defendidos en sus derechos y aspiraciones. Vamos a consolidar un federalismo cooperativo entre los órdenes de gobierno, que promueva las relaciones intergubernamentales eficientes y se traduzca en mayor desarrollo y equidad. Vamos a asegurar la vigencia  del Estado de derecho y la gobernabilidad,  fortaleciendo a las instituciones para resolver los problemas de fondo: pobreza, desigualdad, corrupción e impunidad.
Vamos sin duda a dar soluciones a la situación de inseguridad que priva en todos los rincones de México. Estamos conscientes de la urgencia de cambiar la estrategia hasta hoy seguida en el combate al narcotráfico y la delincuencia organizada. Vamos por una estrategia que privilegie la inteligencia sobre la fuerza.
Vamos a recuperar el crecimiento económico con distribución social del ingreso, porque la economía mexicana debe fortalecer el mercado interno y de exportación, a tasas sustancialmente mayores a las observadas en la última década. Nosotros vamos a restablecer las condiciones para la formación de capital, la actividad industrial y del sector manufacturero, para la inversión extranjera directa. Vamos a diseñar una política industrial activa,  mejorar el crédito y las cadenas productivas mediante una inversión sistemática en educación y en ciencia y tecnología, así como en innovación y en la generación de mayor valor agregado.
Vamos a conseguir una nueva economía, con una mejor distribución del ingreso, para aumentar la calidad de vida y garantizar la equidad social, no sólo a través del impulso a la economía local, la inversión en infraestructura y vivienda, sino mejorando la seguridad social, el desarrollo urbano y rural, pero sobre todo la educación para avanzar hacia una sociedad del conocimiento. Vamos a invertir con eficiencia en los niños y jóvenes, y aumentar el gasto y la atención del Estado en las artes y la cultura, para que México pueda insertarse plenamente en la economía del conocimiento y acceder a niveles superiores de bienestar y desarrollo.
Vamos a recuperar el potencial de competencia que hace más de una década mostró la economía mexicana. Vamos a hacer que ésta recupere su capacidad de generación de empleos para resolver el hecho de que cada año hay 1.5 millones de nuevos mexicanos y sólo 230 mil nuevos empleos, por lo que más de 47 millones de mexicanos en edad de trabajar están hoy desempleados o trabajan en condiciones precarias: no reciben remuneración, están subempleados o laboran en el sector informal. Vamos a recuperar el crecimiento y la competitividad, aumentando las oportunidades de trabajo y fortaleciendo los derechos de los trabajadores.
Vamos a lograr la reforma hacendaria que se necesita, vamos a conseguir mejorar los niveles de recaudación para no seguir dependiendo de los recursos petroleros; vamos a detener la elevada evasión fiscal simplificando el sistema y vamos a ampliar la base tributaria donde pague más el que más tiene, y orientar la inversión y el gasto público para reactivar el mercado interno y generar empleos suficientes para los mexicanos. Vamos a elevar, de manera sostenida y progresiva, el presupuesto público y privado dedicado al desarrollo de ciencia y tecnología, generando capital humano de alta especialidad, tomando como principio la interacción de los sectores educativo y productivo.
Vamos a avanzar en un adecuado sistema para evaluar el desempeño de los servidores públicos y el resultado de cada uno de los programas gubernamentales para promover una sólida fiscalización y una mejor distribución de los recursos públicos.
Vamos a fortalecer la política ambiental sustentable con una perspectiva transversal a la economía y a la sociedad. Vamos a asegurar la sustentabilidad territorial, preservaremos los recursos naturales, alentaremos el uso de energías limpias y renovables y crearemos más mecanismos para prevenir desastres naturales. Es indispensable dar pasos firmes hacia un desarrollo sustentable que promueva la transición a una economía baja en emisiones de carbono, la adopción de tecnologías limpias, el manejo sustentable de los recursos, así como asegurar la competitividad de nuestros productos y su acceso a los mercados internacionales.
Vamos a restituir la política exterior con rumbo y credibilidad para devolverle a México el respeto internacional. Mantendremos una política de cooperación y respeto hacia Norteamérica, sobre todo en materia de migración y comercio pero por igual fortaleceremos las relaciones con los países emergentes, así como con los países latinoamericanos y los organismos multilaterales de los que somos integrantes.
Vamos juntos con la fuerza y la esperanza de millones de mexicanos cuyo anhelo se transcribe en las propuestas que ocupan las páginas de nuestra plataforma electoral a desatar las alas a un país que ha perdido la costumbre de sentirse ganador, próspero, admirado, respetado y querido. Que nuestra oferta inmersa en dicho documento cumpla con el principio básico de la política puesta al servicio de la gente, generar desde la propuesta sustentada, horizontes promisorios y oportunidades futuras que por más de una década nos han sido negadas.

México Distrito Federal, octubre del 2011.

martes, 30 de agosto de 2011

Todas unas damas

Patético y penoso, serían dos palabras que entre muchos otros adjetivos definirían el espectáculo hoy tan famoso de las dos damas que a base de improperios, insultos y manoteos lograron amedrentar a los oficiales que, en el esquema  funcional dentro del sistema de seguridad mexicano, constituyen un primer frente preventivo de conductas delictivas e infracciones administrativas ciudadanas.
El problema tiene raíces complicadas, lejos del sensacionalismo mediático y de la crucifixión en las redes sociales de los actores de este lamentable incidente. Podríamos afirmar que esta conducta es un reflejo de la percepción real que se tiene de las figuras de autoridad en nuestro país. Esta percepción dibuja un contorno deteriorado que se daña progresivamente con el tiempo; sencillamente no respetamos (porque muchas veces no nos dan los elementos) a quienes deberíamos de respetar. La figura del policía transmite la sensación de improvisación en el encargo cuando se tiene a la vista un acontecimiento como el observado.
Todo este entramado tiene que ver con qué tanta efectividad tiene en su imperio la ley en nuestro país y qué grado de convicción genera el ciudadano para su cumplimiento efectivo. Esto nos llevaría nuevamente a reflexionar sobre los inevitables temas de idiosincrasia y cultura de la legalidad, así como también en su concepto genérico con la vigencia del estado de derecho en México.
Y con lo presenciado es natural que sigan surgiendo diversas dudas acerca de la real existencia de un auténtico y consolidado Estado de Derecho en México. Si bien el país está organizado formalmente como una República democrática y existe un ordenamiento jurídico, esto es, una Constitución, así como un contenido normativo de leyes que según sus textos rigen la estructura y el funcionamiento del Estado, el problema es que no existe un Estado sólido, fuerte, autosuficiente, capaz de imponer el cumplimiento de la ley como criterio básico del orden social y económico. Lo que se ha tenido hasta ahora son arreglos políticos más o menos estables, con algún grado de eficiencia. Sin embargo, el problema es que durante los últimos dos siglos estos arreglos y la gobernabilidad se ha conseguido con frecuencia a costa de la ley.
Estudiosos contemporáneos del caso mexicano consideran que la existencia de deficiencias e insuficiencias del marco normativo e institucional para las tareas gubernamentales en México abrieron espacios a la impunidad, a la arbitrariedad y a la proliferación de vicios que han minado la vigencia y consolidación del Estado de Derecho, socavando la credibilidad del gobierno y la confianza ciudadana por la incapacidad de respuesta de las instituciones, debido, entre otras razones, a la inexistencia de la rendición de cuentas. Estas apreciaciones minan día a día el sometimiento jurídico al cual el gobernado debe estar sujeto, sin que esto suene arbitrario así es como se estructura y punto.
La demanda por un Estado de Derecho es una constante en la sociedad mexicana, pero, al mismo tiempo, su cumplimiento a través de los distintos principios, instituciones y valores vigentes que le dan sustento, no parecen gozar de la misma fortaleza que permitan advertir su pronta realización. Por el contrario, el conocimiento que existe de estos principios, o las percepciones existentes sobre el funcionamiento de distintos apartados de nuestra Constitución, dan cuenta de un Estado de Derecho débil, que no ha logrado construirse y funcionar de manera eficiente y legítima.
Un ejemplo tan burdo es el de este par de ínclitas personalidades quienes a mansalva pueden vituperar  y execrar sobre la figura de autoridad. ¿Se comportará igual “la negra” cuando visita los Estados Unidos?, ¿podría protagonizar una escenita similar en la 5ª avenida neoyorkina?..... son preguntas que me siguen avergonzando como mexicano cuando ensayo sus respuestas.



lunes, 29 de agosto de 2011

Todas unas damas


Patético y penoso, serían dos palabras que entre muchos otros adjetivos definirían el espectáculo hoy tan famoso de las dos damas que a base de improperios, insultos y manoteos lograron amedrentar a los oficiales que, en el esquema  funcional dentro del sistema de seguridad mexicano, constituyen un primer frente preventivo de conductas delictivas e infracciones administrativas ciudadanas.

El problema tiene raíces complicadas, lejos del sensacionalismo mediático y de la crucifixión en las redes sociales de los actores de este lamentable incidente. Podríamos afirmar que esta conducta es un reflejo de la percepción real que se tiene de las figuras de autoridad en nuestro país. Esta percepción dibuja un contorno deteriorado que se daña progresivamente con el tiempo; sencillamente no respetamos (porque muchas veces no nos dan los elementos) a quienes deberíamos de respetar. La figura del policía transmite la sensación de improvisación en el encargo cuando se tiene a la vista un acontecimiento como el observado.

Todo este entramado tiene que ver con qué tanta efectividad tiene en su imperio la ley en nuestro país y qué grado de convicción genera el ciudadano para su cumplimiento efectivo. Esto nos llevaría nuevamente a reflexionar sobre los inevitables temas de idiosincrasia y cultura de la legalidad, así como también en su concepto genérico con la vigencia del estado de derecho en México.

Y con lo presenciado es natural que sigan surgiendo diversas dudas acerca de la real existencia de un auténtico y consolidado Estado de Derecho en México. Si bien el país está organizado formalmente como una República democrática y existe un ordenamiento jurídico, esto es, una Constitución, así como un contenido normativo de leyes que según sus textos rigen la estructura y el funcionamiento del Estado, el problema es que no existe un Estado sólido, fuerte, autosuficiente, capaz de imponer el cumplimiento de la ley como criterio básico del orden social y económico. Lo que se ha tenido hasta ahora son arreglos políticos más o menos estables, con algún grado de eficiencia. Sin embargo, el problema es que durante los últimos dos siglos estos arreglos y la gobernabilidad se ha conseguido con frecuencia a costa de la ley.

Estudiosos contemporáneos del caso mexicano consideran que la existencia de deficiencias e insuficiencias del marco normativo e institucional para las tareas gubernamentales en México abrieron espacios a la impunidad, a la arbitrariedad y a la proliferación de vicios que han minado la vigencia y consolidación del Estado de Derecho, socavando la credibilidad del gobierno y la confianza ciudadana por la incapacidad de respuesta de las instituciones, debido, entre otras razones, a la inexistencia de la rendición de cuentas. Estas apreciaciones minan día a día el sometimiento jurídico al cual el gobernado debe estar sujeto, sin que esto suene arbitrario así es como se estructura y punto.

La demanda por un Estado de Derecho es una constante en la sociedad mexicana, pero, al mismo tiempo, su cumplimiento a través de los distintos principios, instituciones y valores vigentes que le dan sustento, no parecen gozar de la misma fortaleza que permitan advertir su pronta realización. Por el contrario, el conocimiento que existe de estos principios, o las percepciones existentes sobre el funcionamiento de distintos apartados de nuestra Constitución, dan cuenta de un Estado de Derecho débil, que no ha logrado construirse y funcionar de manera eficiente y legítima.

Un ejemplo tan burdo es el de este par de ínclitas personalidades quienes a mansalva pueden vituperar  y execrar sobre la figura de autoridad. ¿Se comportará igual “la negra” cuando visita los Estados Unidos?, ¿podría protagonizar una escenita similar en la 5ª avenida neoyorkina?..... son preguntas que me siguen avergonzando como mexicano cuando ensayo sus respuestas.

jueves, 11 de agosto de 2011

El próximo catarrito ¿tendremos kleenex?

Esto cabe afirmarlo ya que por más que se asegure que México está preparado para una posible recesión de la economía estadounidense, parece que la enfermedad será inevitable.
El escenario es real, la reducción de la calificación aplicada por John Chambers de Standard and Poor’s, sobre la calidad crediticia de los Estados Unidos trae consigo un cúmulo de implicaciones y consecuencias inciertas para nuestro país. Aún cuando no se llegara al escenario de crisis, irremediablemente el ajuste será necesario.
Vayamos por partes en nuestro análisis. Está en el aire un diagnóstico que pesa sobre las grandes economías, aquellas propias de los países con altos niveles de institucionalización o más claro, aquellas identificadas con los países ricos. Estados Unidos, Japón, España, Irlanda, Francia y Grecia podrían ser ejemplos inmediatos, pero sin duda, la peor marejada que aquejaría a México, tiene que ver con los destinos de la economía de nuestro vecino del norte.
Sostengo que este nuevo episodio tiene que ver con varios antecedentes negativos, pero para efectos de un artículo, sería muy complicado adentrarse en ellos. Me concretaré a decir que no podemos dejar de pensar que esto es una secuela de aquella tan complicada batalla del 2008. Pero viendo hacia el futuro, tampoco podemos soslayar que estamos ante un problema mayúsculo. Estados Unidos entra a esta etapa con un déficit aproximado de 9.3% y una deuda que equivale al 101% de su PIB. Esto deja una primera lección básica: no se puede tener una economía sana cuando se gasta más de lo que se ingresa.
Los antecedentes rayan en la irresponsabilidad en la conducción económica, concretamente en el reciente periodo presidencial de George Bush. Con un actual presidente Obama maniatado, el horizonte no es muy promisorio, muestra de ello es el comportamiento de los mercados, los cuales dicen los expertos que esos si no se equivocan.
Estos nubarrones parece que sacudirán en los próximos días a nuestro país, a pesar del sobrado optimismo del Señor Secretario de Hacienda quien ha asegurado que eso no ocurrirá. Quizá se pueda pecar de optimista cuando se tiene un apuntalamiento en reservas de cerca de 200,000 millones de dólares y líneas de crédito abiertas en el FMI. Espero por el bien del país que las aseveraciones del Secretario sean ciertas, aunque me cuesta trabajo creerlas cuando sabemos de sobra del mimetismo que nuestra economía experimenta con los destinos de la norteamericana.
Lo que llama la atención es que parece que como país nos estamos preparando exclusivamente para acolchonar los golpes que dejan las contingencias. Cabría reflexionar si no es por momentos deseable el incentivar el crecimiento y la solidez económica de mediano y largo plazo en vez de estar esperando que nos lleguen los golpes en seco. La inversión productiva de parte del monto con el que se cuenta en reservas en nuestro país, bien puede incentivar el desarrollo de mediano plazo que apuntale al país desde otra perspectiva.
Y un componente adicional en este esquema. Es sabido que cuando se está inmerso en una espiral de competencia electoral, muchas veces la vista se nubla por la inmediatez con la que se está obligado a responder a los problemas, sobre todo cuando estos pueden significar una mella a las aspiraciones personales. Pero nuevamente estimado lector, espero que por el bien del país me esté equivocando.
Espero que en vez de estar comprando kleenex tengamos en mente vitaminarnos y volvernos un cuerpo vigoroso y sano como país que más que remediar los catarros, tenga la fortaleza para brincarlos sin complicaciones.