¿En realidad aprendimos?
A
pesar de las apreciaciones que se ventilan públicamente, si nos apegamos
exclusivamente a los números derivados de encuestas, hoy por hoy el PRI tendría
una objetiva oportunidad de regresar al gobierno federal. El camino no es fácil
ni debemos como militantes, en mi caso, dar las cosas por sentado. Existe un
sendero pedregoso que llevaría a la tan esperada victoria electoral, pero si
aderezamos el trecho con yerros, las cosas pueden complicarse.
Se
vale también en estos días el aportar un pensamiento y reflexiones críticas
ante lo que se observa, pecaríamos con nuevos silencios y omisiones si no
ponemos sobre la mesa nuestra apreciación, pero al igual, solo abonaríamos a la
destrucción si no planteamos vías de salida.
Existen
en el imaginario colectivo reminiscencias
de un pasado reprobable y que se achaca al signo político priista. Se ha
juzgado duramente al partido por autoritarismo, irresponsabilidad e ilegalidad,
tanto en días recientes, como en años en los cuales muchos de nosotros aún ni siquiera
veíamos la primera luz. Sin embargo, en concurrencia con las circunstancias
internacionales de inestabilidad económica, así como de la democratización de
los noventas, es como se fraguó la sociedad civil que concluyó en llevar a al
PRI a la tan sonada derrota del año 2000. A partir de ahí, la “leyenda negra”
del partido se encauza por la promoción de partidos opositores al tricolor y
sin duda, por el amplio activismo anti-priiista del actual gobierno federal.
Es
ahí donde se nos ha querido ubicar. Afortunadamente, existe una base social
sobre todo dentro de los gobiernos estatales de signo priísta que contrarresta
la negativa apreciación. Pero el problema mencionado ya existe, el negarlo
sería tapar el sol con un dedo. Lo que avizoro hacia adelante es la necesidad
de dejar constancia en realidad se aprendió de las lecciones de la historia,
que tuvimos material de enseñanza pero por igual un método de pedagogía y
educadores que impartieron la lección adecuada. No podemos volver a errores que
probadamente nos han llevado a la desgracia. Ante la poca credibilidad de la
cual se encuentran contaminados todos los partidos políticos, el priismo debe
por obligación plantearse en el escenario como una organización política que
represente la mayoría social.
No
es nuevo el descrédito de los partidos políticos en general. Está en duda la
contribución de éstos a la democracia y campea en lo colectivo la percepción de
un pragmatismo exacerbado del poder por el poder mismo. Es un grave error en
ese clima, dar prioridad a los intereses internos que piden la conservación del
mando político sobre los más amplios intereses de los ciudadanos mismos.
Si
buscamos ganar en el futuro, quizá debemos reforzar la construcción de una
identidad distinta al pasado referido, que se afiance en un proyecto sólido que
proponga solución a temas de seguridad, desempleo, medio ambiente y desigualdad
entre muchos otros. Y tal vez quizá, se debe tener presente que la
insatisfacción en subsanar los problemas que derivan de tales temas se
incluyeron en un catálogo de motivos que por igual nos expulsaron del poder.
Volver
a las causas de la sociedad y fomentar la auténtica vida democrática interna es
a mi parecer un binomio clave. Ya no tenemos tiempo ni margen para fórmulas
mágicas que personajes que se sienten mesiánicos pretendan emplear.
Hagamos
conciencia de lo que somos actualmente. Somos un partido con el número de
militantes más cuantioso, con simpatizantes y organizaciones afiliadas y
estructura territorial y sectorial en la totalidad de nuestro país. Contamos
con un número notable de presidentes municipales, regidores, diputados tanto
locales como federales, gobernadores y senadores. Este diagnóstico de activos es alentador,
pero se vuelve completamente estéril si no se pone al servicio del interés del
ciudadano, se torna inocuo si no volvemos a ser el partido que fue capaz de
sentar bases para la vida democrática nacional e impulsor de la modernización.
El
PRI cuenta con los cimientos necesarios para ver hacia el futuro, no nos
quedemos en procesos de transformación insuficientes ni nos perdamos en la
nostalgia del poder hegemónico que sobre el sistema político alguna vez se ejercía.
México ya cambió, cambiemos decididamente como partido.
Los
mexicanos piden a gritos una nueva visión de la política, sostenida por propuestas
realizables. Es momento de la innovación, de la austeridad, de la generosidad
personal y de la cercanía con la gente con quien debemos pactar compromisos
claros y medibles, con la visión clara que, de no cumplirnos, no es de extrañar
la irritación y el rechazo que a todos nos genera.
Repito,
México ya cambió, que lo entiendan a cabalidad quienes pretendan ser nuestros
candidatos. Ellos deben cumplir no únicamente con requisitos formales, deben
ser garantes del compromiso que todo un instituto político tiene con el país
mismo para lograr un cambio real. Que penoso sería continuar en la estulticia
absoluta que a algunos hace pensar que por sí mismos son un auténtico fenómeno
de popularidad. Ese es otro de los caminos que conducen al fracaso por el cual
pagamos todos, no solamente quienes se ubiquen al frente de una candidatura pobremente
encauzada.
Por
ello, busquemos la victoria en el 2012 bajo la idea que ésta sea una
edificación colectiva de un plan y una propuesta electoral, hagamos las cosas
bajo una estrategia política colectiva, con nuevas y generosas prácticas de
nuestros candidatos. No pensemos que el camino se ha allanado, los retos son
fuertes a futuro.
Me
vuelvo a preguntar ¿en realidad aprendimos?... sería penoso que no fuera así.
Tuvimos un largo trecho para procesar situaciones adversas, conocimos el
desgaste que derivó de ejercer el gobierno y asumimos las consecuencias de
nuestras derrotas en las elecciones. Transitamos por caminos donde afloraron
los errores, las confrontaciones y la debilidad. Volver a las prácticas del
pasado nos obligaría a caminar por los mismos senderos.
Quiero
pensar que podemos dar constancia que no solo hemos aprendido de las duras
lecciones, sino que hemos sabido observar la lógica del mundo en el que
vivimos. Estar a la altura de las circunstancias mundiales para ganar una
elección empieza por la sana práctica interna de nuestra política partidista.
Nuestra sociedad grita, pide y aclama que los políticos no estemos solamente
interesados en ganar las elecciones, nos obliga a representarla más allá de las
fronteras electorales.
Si
con temor postergamos nuestros propios cuestionamientos y optamos por la ruta
de la comodidad, el revanchismo, la segregación y la carencia de proyectos
comunes para todo el partido, que no nos extrañe que atestigüemos mayor alejamiento
entre la sociedad y la política.
Yo
afirmo que podemos hacer las cosas de una manera diferente, es momento de la valentía personal.