En la pasada entrega nos referimos a las condiciones de
precariedad en las que se encuentra la economía mexicana. Es en este tema donde
encontramos un reclamo significativo de todos aquellos a quienes se dirigió
nuestra consulta. Ahora se comprende que en un país donde la concentración de
la riqueza se ha ceñido a escasas manos, y donde la desigualdad económica se
acentúa notoriamente, no es posible proyectar un futuro que convenga a todos.
Debemos tomar en nuestras manos la responsabilidad de una
conducción estatal solidaria, que no se haga ajena a la penuria de tantos y
tantos mexicanos que se unen a diario a la pobreza. Ante la crisis global que
se vive, ha quedado claro que es prioritario construir equilibrios entre el libre
mercado y el interés público y dejar a un lado la creencia de que el mercado se
erige como el único promotor del desarrollo, situación que únicamente nos
remite al egoísmo y a al favorecimiento individual.
Necesitamos un estado que cuente con los medios
económicos suficientes para actuar y que lo haga con consensos amplios.
Precisamos de una reforma fiscal que fije prioridades y establezca con claridad
la manera en que se generarán mayores ingresos. En términos claros, que haya
una nueva hacienda pública donde todos paguen, donde el que más gane más pague
y en donde existan cero privilegios fiscales. Solo así podremos pasar a tener
los medios suficientes para poder equilibrar la actual desigualdad mediante una
nueva política social.
Y este punto no escapa de la lógica de los temas
anteriores. Para aplicar una política social efectiva, requerimos que ésta se
fundamente en una reingeniería de los programas existentes, que logre la
eficiencia plena de sus objetivos y que a la vez otorgue calidad y cobertura a
los beneficiarios.
La propuesta contenida en la plataforma electoral pide
modificar las estructuras institucionales vigentes, para conseguir la seguridad
social y de salud con cobertura universal y alcanzar esquemas de ingreso mínimo
que abatan las penosas condiciones en las que muchos mexicanos se encuentran.
Planteamos una reforma educativa a fondo, donde exista
una verdadera calidad en la educación y a la vez pretendemos revestir el
desarrollo humano con actividades en los campos culturales y deportivos. Vemos
más allá del asistencialismo convencional que en la pasada década no ha hecho
más que crear clientelas estériles y condicionadas al apoyo político de quien
lo practica.
Hay que decirlo con énfasis: la desigualdad se vence con
una economía sana y con empleos de calidad. Por ello nuestra propuesta busca
una solución integral que rebase las fronteras de los momentos políticos.
Y todo ello hay que lograrlo con una visión de grandes
alcances a futuro, donde podamos ubicar a nuevas generaciones en un medio
ambiente en equilibrio. No es mera moda o discursos vacíos, sabemos que el
cuidado de nuestro entorno es una condición básica para el bienestar futuro. La
clave será la protección efectiva de nuestros recursos y ecosistemas, sin
soslayar la posibilidad del aprovechamiento racional de los mismos. Tenemos la
convicción de generar prosperidad y crecimiento mediante esta fórmula; que la
naturaleza y sus recursos sean medios para el crecimiento y no barreras para el
desarrollo.
Porque todo ello está inmerso en una tendencia mundial
con la que debemos estar al día. El tema ecológico implica un esfuerzo
compartido entre las naciones, así como por igual un sin número de cuestiones
que precisan del apoyo solidario de la comunidad internacional.
Y finalmente es en el concierto internacional en donde
vamos a lograr la recuperación del papel protagónico y de valor de México ante
el mundo. No es ajena la errática estrategia de política exterior que se ha
seguido en tiempos recientes. Nuestro país ha pasado de ser una nación
respetada a ubicarse en la tibieza y la mediocridad internacional. Debemos
reposicionarnos en el contexto mundial con una política que refleje
consistentemente los intereses prioritarios del país.
Después de varias semanas de trabajo y de recorrer la
totalidad del territorio nacional, creemos que es posible recuperar el tiempo
perdido. En nuestra consulta no se ha dejado al margen a nadie. Todos quienes
en ella participaron han encontrado un destino a sus inquietudes y un foro a
sus planteamientos.
Aquellos temas en donde la opinión es diversa se han
dejado enunciados para ampliar la discusión ante la sociedad. Pero no se debe
considerar este como un ejercicio acabado. Vendrán nuevas etapas donde estas
conclusiones se fortalecerán con las nuevas vivencias de quien será el candidato
del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República.
Sabemos que este no es un instrumento absoluto ni
concluido, pero si afirmamos que es el resultado de haber sido atentos
destinatarios de todos aquellos que tenían algo que aportar. Consideramos que
el esfuerzo para lograr los objetivos trazados es grande, pero ya no queda
tiempo alguno para dejarlos a un lado. Ahora es el momento de que la oferta inmersa
en nuestras conclusiones cumpla con el principio básico de la política puesta
al servicio de la gente, generar desde la propuesta sustentada, horizontes
promisorios y oportunidades futuras que por más de una década nos han sido
negadas.
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