Esto cabe afirmarlo ya que por más que se asegure que México está preparado para una posible recesión de la economía estadounidense, parece que la enfermedad será inevitable.
El escenario es real, la reducción de la calificación aplicada por John Chambers de Standard and Poor’s, sobre la calidad crediticia de los Estados Unidos trae consigo un cúmulo de implicaciones y consecuencias inciertas para nuestro país. Aún cuando no se llegara al escenario de crisis, irremediablemente el ajuste será necesario.
Vayamos por partes en nuestro análisis. Está en el aire un diagnóstico que pesa sobre las grandes economías, aquellas propias de los países con altos niveles de institucionalización o más claro, aquellas identificadas con los países ricos. Estados Unidos, Japón, España, Irlanda, Francia y Grecia podrían ser ejemplos inmediatos, pero sin duda, la peor marejada que aquejaría a México, tiene que ver con los destinos de la economía de nuestro vecino del norte.
Sostengo que este nuevo episodio tiene que ver con varios antecedentes negativos, pero para efectos de un artículo, sería muy complicado adentrarse en ellos. Me concretaré a decir que no podemos dejar de pensar que esto es una secuela de aquella tan complicada batalla del 2008. Pero viendo hacia el futuro, tampoco podemos soslayar que estamos ante un problema mayúsculo. Estados Unidos entra a esta etapa con un déficit aproximado de 9.3% y una deuda que equivale al 101% de su PIB. Esto deja una primera lección básica: no se puede tener una economía sana cuando se gasta más de lo que se ingresa.
Los antecedentes rayan en la irresponsabilidad en la conducción económica, concretamente en el reciente periodo presidencial de George Bush. Con un actual presidente Obama maniatado, el horizonte no es muy promisorio, muestra de ello es el comportamiento de los mercados, los cuales dicen los expertos que esos si no se equivocan.
Estos nubarrones parece que sacudirán en los próximos días a nuestro país, a pesar del sobrado optimismo del Señor Secretario de Hacienda quien ha asegurado que eso no ocurrirá. Quizá se pueda pecar de optimista cuando se tiene un apuntalamiento en reservas de cerca de 200,000 millones de dólares y líneas de crédito abiertas en el FMI. Espero por el bien del país que las aseveraciones del Secretario sean ciertas, aunque me cuesta trabajo creerlas cuando sabemos de sobra del mimetismo que nuestra economía experimenta con los destinos de la norteamericana.
Lo que llama la atención es que parece que como país nos estamos preparando exclusivamente para acolchonar los golpes que dejan las contingencias. Cabría reflexionar si no es por momentos deseable el incentivar el crecimiento y la solidez económica de mediano y largo plazo en vez de estar esperando que nos lleguen los golpes en seco. La inversión productiva de parte del monto con el que se cuenta en reservas en nuestro país, bien puede incentivar el desarrollo de mediano plazo que apuntale al país desde otra perspectiva.
Y un componente adicional en este esquema. Es sabido que cuando se está inmerso en una espiral de competencia electoral, muchas veces la vista se nubla por la inmediatez con la que se está obligado a responder a los problemas, sobre todo cuando estos pueden significar una mella a las aspiraciones personales. Pero nuevamente estimado lector, espero que por el bien del país me esté equivocando.
Espero que en vez de estar comprando kleenex tengamos en mente vitaminarnos y volvernos un cuerpo vigoroso y sano como país que más que remediar los catarros, tenga la fortaleza para brincarlos sin complicaciones.
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